domingo, 26 de octubre de 2014

THE RAID 2: BERANDAL (2014)



Una de las películas más esperadas de este año ha sido “The Raid 2: Berandal”, secuela de “The Raid”, o “Redada Asesina” en España. Mientras esperamos a su salida en nuestro país (algunas fuentes indicaban que podríamos verla en formatos domésticos a finales de este verano pasado, cosa que no ha ocurrido, ni parece que vayamos a poder verla antes de que termine este año) aprovecho para, por fin, hacer su crítica. Lo primero que tengo que decir es que su director y guionista, Gareth Evans, no se ha limitado en repetir la fórmula de la primera entrega, si no que ha hecho aumentar el tamaño de este microverso indonesio, comenzando dos horas después de la finalización de “The Raid”. Si en la primera parte nos centrábamos en un escenario prácticamente único, el edificio donde los SWAT entran, aquí Evans saca la cámara para ofrecernos un retrato de la guerra a tres bandas entre las mafias locales y la Yakuza japonesa, si bien los personajes importantes son todos indonesios. Las fuentes de las que bebe Evans son muy diversas, pero sobre todo orientales, por lo que el uso de planos generales al más puro estilo surkoreano y japonés enriquecen visualmente la película. Si, se que los planos generales no los han descubierto ni en Korea del Sur ni en Japón, pero en estas dos cinematografías se usan de forma mucho más efectiva que en el cine norteamericano más de género. Por que a pesar de este aspecto mafioso, seguimos en una película de artes marciales con el toque de thriller que muestran una gran evolución positiva en la forma de escribir y dirigir de Evans.
Tras una introducción haciendo referencia a Tama, el villano de la primera parte, Evans nos muestra que por muy peligroso que fuese, hay alguien por encima suya, y es en este punto donde la película se vuelve más grande, no sólo en duración (estamos ante un película de dos horas y media frente a la hora y cuarenta minutos de la primera) Aquí se mezcla la mencionada guerra mafiosa con el tema de policías infiltrados, permitiéndonos tanto ver cómo funcionan las familias criminales como el peso de la misión del protagonista, repartiendo en el metraje todo de forma equilibrada y muy coherentemente. He hablado antes de los planos generales, estáticos, para más señas, excelentemente compuestos y que ayudan a situarnos espacialmente y a veces nos separan de la violencia más cruda, aunque no durante todo el metraje, ya que los que Evans nos muestra es lo esencial, sin recrearse demasiado en la sangre, como se puede apreciar en la secuencia de apertura, con una ejecución con un tiro a quemarropa con una escopeta. Justo cuando se aprieta el gatillo hay un corte al título de la película. A pesar de esto, la violencia es mostrada pero sin deleitarse demasiado, usando planos más cortos pero con un montaje rápido para no caer en efectismos. Los golpes y demás duelen, y mucho, pero a veces Evans nos los muestra rápidamente, logrando una mayor sensación de crudeza que si se hubiese mostrado más claramente. Otro ejemplo de esto son las ejecuciones en el restaurante, usando de nuevo planos generales, primeros planos o planos medios, además de una naturalidad escalofriante. De nuevo comparamos la primera y la segunda entrega y vemos que esto es algo presente en ambas, y si el microverso que se ha creado es mayor, la violencia también.
En “The Raid” teníamos pistolas, cuchillos y artes marciales, y aquí…pistolas, cuchillos, artes marciales, bates de baseball y martillos. Las coreografías de Yayan Ruhian e Iko Uwais se unen a la dirección de acción del propio Evans para subir un peldaño más en la calidad de todas las secuencias de acción, algo que parecía que no se podía superar, al menos durante unos años, pero Evans sabe muy bien lo que quiere, evolucionar, y con el trabajo de los dos coreógrafos se ha conseguido. Escenas largas de lucha, combates escalofriantes y una ejecución de las coreografías soberbia por parte de todos los actores involucrados. Iko Uwais aprovecha el estar rodeado de compañeros que bordan sus papeles, aunque no estén demasiado desarrollados. Yayan Ruhian repite, a pesar del destino del Mad Dog de la anterior parte, con un nuevo personaje sin nada que ver con el anterior. Quizás la parte dramática, que intenta dar mayor profundidad a su personaje, o al menos sus motivaciones, sea lo que menos me ha convencido, o mejor dicho, lo que creo que realmente sobra de la película. Pero claro, es necesario hasta cierto punto para conocer a su personaje, que provocará unos giros de guión que ayudan a que la película avance. Su técnica es impresionante, y se luce en dos secuencias espectaculares con reminiscencias a películas como “Lady Snowblood”, sobre todo la última secuencia en la que sale, en el callejón de la discoteca, con todo nevado. La ausencia de música otorgan más crudeza aún a lo que vemos, pasando después al uso de la música para dar una sensación muy dramática a la secuencia.
Volviendo a las artes marciales, dos de los grandes descubrimientos de la película son Julie Stelle como Hammer Girl y Very Tri Yulisman como Baseball Bat Man. A pesar de la inexperiencia de Stelle en artes marciales, la ejecución de sus coreografías es excelente, gracias sobre todo por Very Tri Yulisman, uno de sus entrenadores con quien se complementa muy bien al tener un vínculo ambos personajes. El tiempo pasado por Yulisman con Stelle a la hora de entrenar traspasa la pantalla para ofrecernos tres secuencias estrella, dos por separado, mostrando sus talentos, y la secuencia conjunta contra Uwais. La incorporación de sus armas de lucha, dos martillos en el caso de Stelle y un bate de Baseball para Yulisman, son otro elemento que enriquecen la parte marcial a niveles increíbles. Si la historia está plagada de traiciones, intrigas y demás, la parte marcial no se limita a mostrar a la estrella como una máquina de luchar, si no que se reparte este peso entre varios personajes, sobre todo los dos mencionados y Cecep Arir Rahman, maestro de Pencak Silat que tiene su gran momento en la lucha con cuchillos en la cocina, en el tramo final, otra coreografía soberbia donde Uwais y Rahman demuestran su velocidad y precisión con una pelea que pone los pelos de punta, al igual que todas las que vemos. La parte que transcurre en la cárcel mezcla esta pericia técnica de los actores con unas peleas más brutales y salvajes, con unos stunts de infarto y que tras finalizar te duele todo el cuerpo. Además, la batalla en el barro está rodada de forma magistral, con Evans moviendo la cámara continuamente, con escasos cortes que hacen de ella una secuencia digna de analizar y con una complejidad técnica que no todo el mundo podría realizar.
Gareth Evans afronta así una película ambiciosa técnicamente, con un cambio sustancial respecto a la primera entrega, donde se aproxima a algunos de sus referentes cinematográficos como Takeshi Kitano, sobre todo en las secuencias donde aparece la Yakuza, y al cine de género en general, dando un paso más allá y confirmándose como una de las mayores promesas del género. Y digo promesas por que en su filmografía marcial sólo tiene la primera parte pero que con esta secuela asienta su carrera de forma firme.
Podría seguir escribiendo sobre la genialidad de la película, los giros de guión bien trabajados y sobre todo las escenas de lucha, de las mejores del año, situando a ésta película como un punto de referencia del género en este siglo XXI y que hace que tengamos ganas de la tercera anunciada entrega (no tanto del remake estadounidense). Pero es hora de terminar de escribir, resumiendo un poco lo escrito hasta ahora. “The Raid 2: Berandal” es sin duda una de las mejores películas de artes marciales del año, ofreciendo una historia de mafiosos bien escrita, muy bien dirigida y realmente espectacular e incluso escalofriante, con unos personajes secundarios que enriquecen el conjunto sin olvidar las secuencias más dramáticas. A mucha gente le ha parecido lenta y aburrida, pero que el guionista sea el director, el director de acción y el editor ayudan aún más a convertirla en lo que es, una película indispensable para los aficionados al cine de acción y artes marciales, de las que te pasas el metraje sufriendo por cada golpe dado y de la que quieres más, a pesar de su duración. Antes de terminar, quiero destacar la presencia japonesa con Kenichi Endo, Kazuki Kitamura y Ryûhei Matsuda, tres actores más que solventes que aportan mayor entidad a la película. Vamos, que si no la has visto a estas alturas, deberías, o te perderás una película de culto impresionante. He visto a gente no acostumbrada a ver cine en VOSE verla y encantarles, sobre todo por las secuencias de lucha, pero si te gusta el cine en general, podrás ver la excelencia técnica de Evans, con un montaje perfecto. Si la evolución positiva de esta secuela respecto a la anterior es como es… ¿qué nos esperará en la tercera parte? Estoy deseando descubrirlo…

NOTA: 8’9

          

lunes, 15 de septiembre de 2014

FALCON RISING (2014)

Actualmente no hay demasiadas estrellas occidentales dentro del cine de artes marciales. Si quitamos a Michael Jai White y a Scott Adkins, no nos quedan muchos. Si, tenemos a Van Damme, a Matt Mullins, Jon Foo, Darren Shahlavi o Gary Daniels, pero dentro de este subgénero, no hacen grandes películas. Personajes secundarios o películas con difícil o nula distribución así como películas que no consiguen sacar todo el potencial del actor. En el caso de Daniels, ya demostró su gran calidad en los noventa y aunque se agradecen sus películas, no llegan a lo que fue. De vez en cuando aparecen títulos como las dos secuelas de “Invicto”, “Promesa sangrienta” o “Ninja” y su segunda parte, títulos que nos devuelven a los noventa con grandísimas coreografías. Y en este grupo se encuentra “Falcon Rising”, antes “Favela”. Es curioso que de los títulos anteriores, en dos de ellos se encuentre Michael Jai White, convirtiendo su nombre junto al de Scott Adkins en las grandes estrellas del género en occidente, sobre todo si vemos que para producciones asiáticas les han requerido para dejar ver sus respectivas técnicas. Pero esto no es un reportaje sobre los grandes artistas marciales de este siglo XXI, si no una crítica a “Falcon Rising”, pero he visto necesario  puntualizar un poco el contexto en el que se ha estrenado lo último de Jai White, que incluso en Estados unidos ha sido estrenada en algunos cines para pasar el video bajo demanda (VOD) Entrando en materia, “Falcon Rising” es una película que recupera el espíritu del cine de acción de los ’80 y ’90, con un guión-excusa para lucimiento de las escenas de lucha. Ernie Barbarash deja de momento a Van Damme (le dirigió en “Juego de asesinos” junto a Adkins, “6 balas” y la próxima “Pound of Flesh”) para, bajo la producción de Isaac Florentine (“Invicto 2”), comenzar una nueva franquicia con el ex-marine John “Falcon” Chapman, un personaje atormentado por sus recuerdos en la guerra (supongo que Afganistán, ya que no mencionan dónde luchó) que viajará a Rio de Janeiro para encontrar a los agresores de su hermana, a la que han abandonado pensando que había muerto. La dirección de Barbarash ha mejorado bastante en las secuencias de acción, aunque puede que en parte se haya debido a tener a Larnell Stovall como director de acción, incluyendo las espectaculares coreografías de lucha. Los momentos más dramáticos son los más flojos de todo el film, poniendo toda la carne en el asador para que se puedan seguir y disfrutar mucho las escenas de artes marciales, que junto a la perfecta ejecución de Jai White y del equipo de especialistas hacen de esta película una de las mejores del año. Insisto, esto se debe sobre todo a las secuencias de acción, ya que el resto del metraje no es nada llamativo, por lo que acentúa que lo mejor de toda la película sean las escenas de lucha. Con esto no quiero decir que sea un guión malo, si no que es un guión muy típico, algo predecible, vamos, una excusa para unir las secuencias de lucha sin demasiadas complicaciones, un guión correcto y sencillo que va directo al grano.
Volviendo al tema de las peleas, como he dicho la ejecución de las mismas de Jai White es realmente impresionante. Jai White es muy técnico, y Stovall lo sabe, por lo que aprovecha para explotar las técnicas puras de Karate del que Jai White es experto, sin olvidar las patadas en salto más espectaculares. Si además metemos a Lateff Crowder, experto en Capoeira y con una secuencia en concreto para su lucimiento, a parte de las secuencias finales, el entretenimiento y la calidad están servidas. Además tenemos una lucha final de katana contra tonfas (por cierto, una de las armas de Kobudo que peor se me ha dado hasta el punto de cogerla cierta manía, hasta que he visto esta secuencia) increíble, con planos más largos de lo habitual que hacen que literalmente flipe con cómo los maneja Jai White. Podría seguir alabando las coreografías durante horas, dando ejemplos en cada pelea de lo magistral de las mismas, pero creo que ya he dejado claro que son muy muy buenas, de las mejores coreografías que he visto este 2014. El nivel de Stovall sube un peldaño más sin caer en la repetición de la fórmula que le ha convertido en un nombre de culto en los círculos de cine marcial más especializado. Su entrada en 87Eleven Action Designer le ha lanzado al primer plano y en cada nuevo trabajo suyo vemos por qué es uno de los mejores coreógrafos actuales. La mezcla de técnicas de Karate, Kobudo, Kendo, Jiu Jitsu y toques de Kung Fu, junto a la acción balística es soberbia, tanto por el diseño, la ejecución, la filmación y el montaje. Una buena ración de todo esto en una hora y cuarenta minutos no se ve muchas veces.
Si las secuencias de artes marciales son el verdadero plato fuerte de la película, situando esta película entre lo mejor de Jai White junto “Invicto 2”, “Promesa sangrienta” y “Black Dynamite”, justo antes de “Rompiendo las reglas 2”, en la parte dramática, no nos podemos quejar. No ha habido ningún actor que me chirrie, si acaso algún personaje o su presencia en determinadas secuencias, metidas con calzador, como el personaje de Kuka, un chico de las favelas que tiene un encontronazo con el protagonista en una secuencia forzada pero que igualmente se agradece por la pelea de White contra varios atacantes. El caso es que incluso hay dos personajes de los que no me importaría ver un spin-off, Thiago y Bororo, interpretados respectivamente por Jimmy Navarro y Lateef Crowder. Quitando el giro de guión de sus personajes, sería muy interesante una película con dos policías de las favelas, ya que sobre todo Thiago es un personaje interesante de explorar. El resto del reparto, con un Neal McDonough relajado, Masashi Odate como el villano de la función, y la presentación de Laila Ali, hija del mítico Mohammed Ali, como actriz de cine tras su paso por la televisión, funcionan correctamente, conformando la historia entre todos, de forma muy sencilla, de libro. Los personajes necesarios para dar los pasos correctos y desplegar todas las armas en la parte de acción. No hay historias secundarias que rompan el ritmo, el camino queda bien marcado y delimitado entre todos, sin ocultar demasiadas sorpresas pero que al final, te deja un muy buen sabor de boca, la sensación de estar satisfecho pero de querer más. Más “Falcon” Chapman, más Jai White, más Larnell Stovall más Ernie… bueno, si es Isaac Florentine, mejor. Por cierto, la música encaja de nuevo a la perfección, dramatizando momentos de frases lapidarias de White o en el momento en el que Chapman se enfada, usando los clichés visuales que mejor funcionan y haciendo que se disfruten incluso más las secuencias que estos momentos anuncian que viene, un despliegue de puñetazos, luxaciones y patadas espectacular.
Resumiendo, algunas de las mejores secuencias de artes marciales del año en una historia típica y tópica pero no por ello deja de funcionar. Un divertimento con el espíritu de los ’80 y los ’90, incluyendo ciertos guiños u homenajes en localizaciones (¿cuántas películas terminaban en naves en el puerto, o tenían secuencias de acción en ellas?) e incluso técnicas y momentos de grandes momentos del cine de género de los ’90 y a directores como Sheldon Lettich, pero con ese toque oscuro que actualmente existe en el cine de acción de serie B, algo que está ayudando a levantarlo. Un joya marcial al que la falta un guión un poquito mejor y un director más personal pero que gracias a las propias escenas de lucha consigue convertirla en una de las mejores películas del año, manteniendo a Jai White en la cima, aunque siga compartiéndola con buenos amigos suyos, del subgénero.

NOTA: 8

         

sábado, 5 de julio de 2014

ICEMAN 3D (2013)


No puedo ocultar que me encanta Donnie Yen. Poco a poco se ha convertido en una de las mayores estrellas del cine hongkonés gracias a su visión de la acción, pasando de un actor espectacular en cuanto a artes marciales, a uno de los mejores directores de acción del cine asiático. Supongo que más de uno, cuando lea estas palabras pensará que me ciega mi parte de fan, pero a esas personas quiero recordarle que mi planteamiento a la hora de escribir una crítica se divide en la parte de fan y la parte más objetiva, intentando equilibrar ambas formas de pensar. Remarco este punto antes de meterme con la crítica en sí para intentar dejar claro que mi parte de fan, inevitablemente, comparará la película que critique con las anteriores del actor, director, actriz o coreógrafo, buscando la evolución o no, para pasar después a una valoración de la película al margen de la estrella de turno, me guste o no. Y tras, espero, dejar claro esto, empiezo.
“Iceman 3D”, como ya sabrá todo el mundo aficionado, es una nueva versión de “The Iceman Cometh” de 1989, que dirigió Clarence Ford con Yuen Biao como protagonista, además de director de acción junto a su equipo de especialistas, Yuen Wah (villano de la película), Yuen Tak y Chin Ka-lok y acompañado en el reparto de Maggie Cheung y Anthony Wong. La idea era modernizar la película manteniendo el toque humorístico pero dividiéndola en dos partes de las que de momento se ha estrenado la primera. ¿Y qué puede aportarnos este remake? De primeras, la historia la han hecho más…densa, bueno, no es la palabra flashbacks continuos que ayudan a que la historia se alargue más que en la original. En ese sentido, Yen está perfecto, con un toque cómico al descongelarse en la actualidad, 500 años después de su época, la dinastía Ming, y su ejecución de técnicas marciales sin cable es la habitual en él, muy rápido y técnico, al igual que el de sus compañeros descongelados, Wang Bao-Qiang y Yu Kang, cuyos personajes son bastante caricaturescos pero que cuando tienen que ponerse serios y agresivos, lo hacen perfectamente. Incluso esta mezcla me chirría un poco, al pasar de dos tontorrones fuera de su lugar a peligrosos guerreros. Pero bueno, es la gracia de la película y aunque no me ha convencido algunas veces, cumplen su función para relajar el ambiente en ciertos momentos. Pero detrás de ellos tenemos a Simon Yam orquestando todo y dando forma a la verdadera trama de la película. Poco a poco va ganando enteros y su personaje termina siendo de lo mejor de la película. Se agradece tener a gente como Lam Suet como secundario en un papel algo plano pero como siempre, realizado a la perfección por Suet. Los intentos de dar mayor empaque a los personajes respecto a la original no están demasiado mal conseguidos, pero sinceramente, la historia no pide personajes complejos, si no entretenimiento como ofrecía y daba la película original. No quiero dejar de lado a la fémina de la película, Eva Huang, que está algo lejos de Maggie Cheung, que lo interpretó originariamente. Está correcta, con algún que otro momento bueno, pero es demasiado arquetípico y para mi gusto le falta algo más de carisma, pero cumple en su papel tanto cómico como dramático.
adecuada, ya que tampoco es un guión muy elaborado. Extiende y desarrolla más la historia, si bien es cierto que tampoco era realmente necesario, pero sí consigue modificar lo suficiente la historia como para crear una nueva película basándose en la misma idea. Es evidente que por mucho que se aumente la historia, el guión no llega a ser ejemplar ni consigue que esta primera entrega sea el cañonazo de película que se esperaba, sobre todo debido a Donnie Yen, protagonista y director de acción de la película. El tono de humor no encaja demasiado bien con algunas secuencias violentas y sangrientas, usando el humor cantonés sin demasiado acierto, sobre todo con una banda sonora épica y bastante buena, pero que desentona con el tono del film. Pero claro, tengo la impresión que en ningún momento, cuando Mark Wu y Lam Fung escribían el guión, pensaban en una historia compleja, llena de matices e interpretaciones para conseguir galardones. En el aspecto de las interpretaciones, no quiero que parezca que son malas, al contrario, las veo acertadas y ajustadas, pero los personajes no tienen una profundidad excesiva. El personaje de Donnie Yen, He Ying, va ganando profundidad a medida que vamos conociendo su pasado, a través de
De momento, haciendo un pequeño resumen, tenemos un guión más desarrollado que la original, actores que cumplen su cometido, personajes que se van desarrollando poco a poco y las líneas maestras de la trama que concluirá en una secuela. Pero no sería la película que es sin no tuviésemos en cuenta las escenas de acción, el campo por excelencia de Donnie Yen. Mucho se ha criticado las últimas películas de Yen, sobre todo “Special I.D.”, al esperarse otro “Flashpoint” o “Duelo de dragones” y no serlo, pero sinceramente (y en parte habla el fan) la grandeza de sus secuencias de acción no sólo están por ser brutales y contundentes, usando técnicas de suelo, de grappling, proyecciones y demás, si no por conseguir alejarse de un estilo excesivamente definido e innovar en conceptos íntimos de las artes marciales. El ritmo, la ejecución de las técnicas y cierto grado de realismo sustituyen a las peleas épicas de lo que parecen superhombres, incluso atravesando paredes. Eso fue “Special I.D.”, si bien el tono cómico de muchas secuencias no consiguió encajar con el resto de la película, ayudando a que aumentasen las críticas negativas. Yen adapta su visión de la acción al tipo de proyecto que es, y “Iceman 3D” es una película fantástica sobre unos soldados imperiales de la dinastía Ming descongelados en nuestra época, por lo que la acción tenía que ir acorde, y los cables y los efectos digitales ayudarían a que Donnie se acercase al jianghu, ese género literario un paso por delante al wuxia o género de espadachines, donde los héroes pueden proyectar su energía interna o prácticamente volar, lleno de magia y fantasía. Yen se desmelena con algunas técnicas de Kung Fu sobrehumanas y todas y cada una de ellas perfectamente ejecutadas y muy bien filmadas, incluyendo la locura del shieldboarding, vamos, snowboarding en escudos. Lo único que las lastra un poco son los efectos especiales digitales, seguramente pensados para el 3D y que al no verse en este formato, resultan demasiado evidentes. Incluso algunos chroma, la famosa pantalla azul o verde donde se incrustan en post-producción los efectos y / o fondos por ordenador, hacen daño a los ojos. Por suerte, si entras en la película, pensando bien el tipo de producto que es, puede verse sin problemas y disfrutar de unas muy trabajadas secuencias de acción y bien dirigidas por Law Wing-Cheong, miembro de la Milkyway de Johnnie To, aunque en determinados momentos podrían haberse filmado incluso mejor, pero nada importante.
En definitiva, una película espectacular, muy entretenida y fantástica, con ciertos toques de humor cantonés que no terminan de encajar del todo, una historia algo alargada pero con buenas secuencias de acción que equilibran todo y unos efectos digitales peores de los que deberían ser. A pesar de todo, excepcional el trabajo de Donnie Yen como director de acción a pesar del abuso de cables en ciertos momentos y sobre todo con una pelea final muy épica en el puente Tsing Ma de Hong Kong, el séptimo puente colgante más largo del mundo, sin duda de lo mejor de la película, pero sin menospreciar otros combates como en la discoteca. Espero que la segunda parte, con mayor papel para Simon Yam, o eso indica todo, mejore los fallos perdonables de esta primera entrega.

NOTA: 7