domingo, 18 de enero de 2015

RUROUNI KENSHIN. KYOTO INFERNO (2014)



El éxito de crítica y público del live action “Rurouni Kenshin” en el 2012, o “Kenshin, el Guerrero Samurái” en su versión animada y cinematográfica española trajo el anuncio de dos secuelas rodadas seguidas y estrenadas con poco tiempo entre la segunda y la tercera. A esto tenemos que sumar el anuncio de Mediatres Estudio de estrenar ambas entregas en nuestro país, tal y como ocurrió con la primera parte. La primera secuela, “Rurouni Kenshin. Kyoto Inferno” ha conseguido mantener el listón realmente alto, ayudando a que esta trilogía, o al menos las dos primeras entregas que he visto, se conviertan por derecho propio a ser una de las mejores adaptaciones de un manga o anime. Uno de los motivos es la continuidad del equipo que nos trajo la primera entrega, sobre todo su director, Keishi Ohtomo que demostró que sabe cómo acercar el espíritu del anime a la imagen real sin caer en el ridículo o la pura comedia. Ohtomo sabe perfectamente dónde colocar la cámara para ofrecernos un espectáculo impresionante, con un comienzo de película que en pantalla grande se debe disfrutar de lo lindo. Las escenas de lucha van por el mismo camino, mostrando unas coreografías de Kenji Tanigaki de gran calidad técnica, tanto en su coordinación como en la ejecución. No en vano, Tanigaki es alumno del gran Yasuaki Kurata y la mayor parte de su trabajo como especialista ha sido en Hong Kong, coincidiendo mucho con Donnie Yen como en “Blade II”, “Duelo de Dragones”, “Dragón” o “Guardaespaldas y Asesinos”. Mezclar movimientos marciales chinos con katanas japonesas pero sin olvidar el contexto nipón es un acierto total, al que tenemos que sumar lo mencionado antes, que el director sabe colocar la cámara para poder disfrutar bien de las coreografías y escenas arriesgadas, con un buen equipo de stuntsmen.
Llegando a la parte del guión, es menos ligera que la primera entrega. El manga y anime usan el humor en medio de los arcos argumentales más serios, y ésta secuela usa menos el humor que su predecesora. La seriedad de la trama y el tono de la película es otro de los aciertos ya que sigue recordándonos que estamos antes la adaptación de Kenshin con un guión sólido que, al igual que el manga original, es respetuoso con los datos históricos que muestra, como el asesinato del Ministro del Interior Okubo o las referencias a maestros forjadores de katanas. El arco argumental que recoge del manga, el arco de Kyoto, no se si ha sido bien adaptado, ya que no he leído el manga ni he visto la serie entera, pero al menos sí puedo decir que aquí funciona perfectamente, con algunas escenas algo metidas con clavo pero en general confirmando una buena película que tendrá su final en “The Legend Ends”, dejándonos en un cliffhanger muy interesante.
Pasando a los actores, tenemos a los mismos que en la primera parte, cumpliendo perfectamente en sus roles, y destacando tanto a Takeru Satô como Kenshin, más contenido y serio que en la primera entrega, y a Tatsuya Fujiwara, protagonista de otros live-actions como “Battle Royale” o las dos entregas de “Death Note”, como el villano Shishio. Personalmente he cogido manía al actor tras la primera parte de “Death Note”, pero en ésta ocasión, no se si será por pasarse prácticamente todo el metraje vendado de pies a cabeza, pero ha conseguido convencerme. Puede que se deba en realidad a la voz, muy acorde con el personaje. No todo es positivo para Shishio, ya que le he visto falto de corpulencia, al igual que a Sanosuke (interpretado con acierto por Munetaka Aoki), cosa que ya ocurrió en la primera parte, pero que gracias al resto de elementos, guión, actuaciones y acción, se convierten en comentarios irrelevantes. E igual de irrelevante es el siguiente comentario, pero creo que así ayuda a ilustrar más el tono de la película, la relación de Kenshin con Kaoru, la guapa Emi Takei. Ese posible interés romántico no se desarrolla, lo cual por un lado es bueno, pero por otro lado convierte tanto a Kaoru como al resto de amigos de Kenshin en secundarios respecto a la trama, centrándose así en Kenshin y su nueva misión. La películas ya es lo suficientemente larga, 138 minutos, como para añadir momentos románticos que lastrarían el conjunto.
Resumiendo, una gran película de acción, con momentos épicos y espectaculares, numerosos planos-pose que se acerca visualmente al medio original donde nació el personaje, con un guión sólido y respetuoso históricamente, muchos personajes pero sin saturar, con un buen equilibrio entre el drama y la acción y que aunque te deja con ganas de más, consigue satisfacer el hambre de buena acción en buenas películas, sin ser meros guiones-excusa para enlazar escenas de acción. No se si consigue superar a la primera parte de las aventuras de Kenshin, pero como mínimo la iguala, aunque personalmente la he disfrutado más aunque me hubiese gustado ver más a Hajime Saitô (Yôsuke Eguchi), otro personaje histórico que aunque tiene sus momentos, como en la secuencia inicial, merece más minutos en pantalla, aunque tenemos ninjas ésta vez, lo cual se agradece. Ahora, a esperar a la tercera y última parte, que pinta al menos igual de bien que las dos primeras.

NOTA: 8’5

           

jueves, 15 de enero de 2015

KUNG FU JUNGLE (2014)


Cada vez que Donnie Yen estrena una película y me dispongo a escribir la crítica, suelo hablar de las diferentes formas de entender la acción que tiene el actor y coreógrafo y cómo, en cada una de ellas, intenta crear algo nuevo, un estilo que cambia según el tono de la película. De primeras y en mi modesta opinión, es algo bueno, aunque muchos de los seguidores de Yen no están muy de acuerdo y prefieren que sólo haga cosas al estilo de “Flash Point”, tanto en el tono de la historia como en las coreografías marciales. Pero Yen sabe que repetir la fórmula no es algo positivo, ya que el estancamiento al que caería pondría en peligro su carrera, si bien algunas de sus últimas películas no han conseguido la taquilla ni las críticas que esperaba. A pesar de ello, y sin querer alargar este tema demasiado, ya que se supone que esto es una crítica a “Kung Fu Jungle”, pero creo necesario hablar, o escribir, del tema para entender mejor a Donnie y a sus películas. Como he dicho en reiteradas ocasiones, Donnie muestra diferentes estilos de acción en cada película, teniendo dos estilos principales, las artes marciales más realistas, sin cables o sólo para causar determinados efectos en las caídas y golpes, y la vertiente más clásica, más wuxia (en realidad tiene algún que otro estilo en sus pelis, pero no voy a entrar en desmenuzar la forma de dirigir acción de Yen) con cables y vuelos. Viendo esto, es momento entonces de hablar de “Kung Fu Jungle”, una película que une estos dos estilos de acción con la maestría que se puede esperar de Donnie Yen.

Y ya entro en materia. Lo primero de todo, estamos ante una película de artes marciales, no con artes marciales. Todo gira en torno al mundo de las artes marciales, por mucha policía que salga y tengamos incluso tiroteos. El guión, obra de Lau Ho-Leung y Mak Tin-sue, que ya coincidieron en “14 Blades” con Donnie Yen, admito que no es realmente original. Un experto en artes marciales matando a otros se pudo ver, por ejemplo, en “Muerte a medianoche” de 1997 con Gary Daniels y Darren Shahlavi, pero la particularidad en ésta ocasión es un acercamiento al espíritu del wuxia, pero con un toque moderno, por lo que se conforma como una película que podríamos denominar wuxia urbano, pero sin las exageraciones más radicales dentro del subgénero debidas al uso masivo del cable. Aquí el uso de cables es necesario pero no tan exagerado como se podría esperar. Un uso inteligente de los cables además de diversos sistemas marciales dependiendo del personajes enriquecen la fórmula y lejos de buscar el éxito repetitivo, Yen consigue equilibrar las dos vertientes, técnicas reales con algunas más fantásticas. Es un juego cinematográfico saltando del wuxia al policíaco sin que chirrie, gracias a su tono cercano al cómic y al inteligente uso de los arquetipos marciales, un cine dentro del cine en ciertos momentos pero que consigue una entidad propia como película, algo similar a lo que hizo “Gallants” en 2010 pero con un tono más ligero. Otro de los aciertos al usar los mencionados arquetipos es conseguir el tono épico de las producciones de la Shaw Brothers encajando perfectamente en un terreno urbano y actual. Las poses heroicas, las frases antes de un combate y el sabio uso de caras conocidas con un excelente nivel marcial, como Fan Siu-Wong o Xing Yu, van marcando el ritmo de la película, disfrutando todos y cada uno de los combates, muy bien dirigidos y que muestran en todo su esplendor el impecable trabajo de Donnie, ya que se encarga tanto de la dirección de acción como de las coreografías, realmente impresionantes, a pesar de tener un elemento que puede generar críticas negativas, la poca presencia marcial de Donnie. Y es que su personaje tiene pocos momentos para lucirse, exceptuando en su parte final, por lo que vemos más de media película sin ver a Donnie desplegar todo su arsenal técnico en pantalla. Por suerte esto no es tan malo como se podría esperar, ya que ayuda a que Donnie desmigue su presencia en la película pero sin olvidar los combates de Kung Fu entre el resto de actores. ¿Y a quien tenemos en el reparto? A un villano genial como el interpretado por Wang Bao-Qiang, quien ya coincidió con Donnie en la fallida “Iceman 3D” (fallida al menos la primera entrega, mientras esperamos la segunda parte) y que aquí consigue superar a su personaje algo irrisorio de dicho film. A pesar de que sobra un poco la parte en la que se justifican sus actos con la enfermedad de su esposa, secuencias con cierto toque terrorífico o inquietante, es precisamente la atmósfera la que consigue que no sobre del todo. El resto de personajes están correctos, cayendo el peso sobre Wang y Yen. Antes de dejar el reparto de lado, cabe destacar los innumerables cameos que aparecen desperdigados por la película, en un auténtico homenaje al cine de artes marciales de los ’70: David Chiang, Andrew Lau, Peter Kam, Kirk Wong, Raymond Chow, Tony Leung Siu-Hung, Lee Tat-Chiu, Soi Cheang Pou-Soi, Dion Lam, Roy Szeto, Yuen Bun, Bruce Law, Derek Kwok, Billy Chan, Bey Logan, el propio director Teddy Chen e incluso Jackie Chan y Lau Kar-Leung (o Liu Chia-Liang) en televisores mientras aparecen películas de ellos dos. Directores, productores, coreógrafos, especialistas o compositores, gran parte de la gente que encumbró el cine de Kung Fu en los setenta y ochenta, lo que hace, como he dicho antes, junto a las coreografías clásicas, un auténtico homenaje al cine de género pero dándole un toque moderno y actual sobresaliente.
A veces es difícil plasmar en una crítica la opinión real de la película, ya que a veces las palabras tienden a encorsetar demasiado las ideas y a no quedar claras las cosas. Por eso me gusta intentar resumir lo explicado de forma más coloquial al final de las críticas, así que, a ello. “Kung Fu Jungle” demuestra que Donnie Yen es todo un genio en lo referente a coordinar y coreografiar la acción, sacando lo mejor de cada actor, como en el combate entre el villano y el personaje interpretado por Fan Siu-Wong, un combate de “espadas”  de puro wuxia pero sin las exageraciones habituales. El perfecto equilibrio entre el cine de Kung Fu de los setenta con el thriller policiaco actual, junto a una dirección potente y un elenco perfecto en sus papeles hacen de ésta película una de las mejores del 2014, un cómic visual que crea o propone un nuevo subgénero dentro del cine hongkonés del que personalmente quiero ver más, una revitalización necesaria y sobre todo un uso perfecto de cables. Bravo por Donnie Yen y el resto del equipo de la película, una demostración de que Donnie tiene mucho que decir aún a los que pensaban que no volvería a rodar una película potente y muy buena de artes marciales tras las malas críticas recibidas a “Special I.D.”, “The Monkey King” o “Iceman 3D”. Es momento de reflexionar respecto a lo que se espera de Donnie, a examinar bien sus últimas películas y saber diferenciar su trabajo técnico del artístico, siendo el primero incriticable y magistral, por mucho que en general la película o películas hayan defraudado a parte del público que sólo busca repetir incesantemente una fórmula de éxito, cosa que si hubiese hecho, también hubiese sido criticado. Es indiscutible que Donnie Yen se está transformando en uno de los mejores directores de acción chinos, tras su mentor Yuen Woo Ping, Corey Yuen o Sammo Hung, pero tiempo al tiempo…


NOTA: 8’75

        

domingo, 26 de octubre de 2014

THE RAID 2: BERANDAL (2014)



Una de las películas más esperadas de este año ha sido “The Raid 2: Berandal”, secuela de “The Raid”, o “Redada Asesina” en España. Mientras esperamos a su salida en nuestro país (algunas fuentes indicaban que podríamos verla en formatos domésticos a finales de este verano pasado, cosa que no ha ocurrido, ni parece que vayamos a poder verla antes de que termine este año) aprovecho para, por fin, hacer su crítica. Lo primero que tengo que decir es que su director y guionista, Gareth Evans, no se ha limitado en repetir la fórmula de la primera entrega, si no que ha hecho aumentar el tamaño de este microverso indonesio, comenzando dos horas después de la finalización de “The Raid”. Si en la primera parte nos centrábamos en un escenario prácticamente único, el edificio donde los SWAT entran, aquí Evans saca la cámara para ofrecernos un retrato de la guerra a tres bandas entre las mafias locales y la Yakuza japonesa, si bien los personajes importantes son todos indonesios. Las fuentes de las que bebe Evans son muy diversas, pero sobre todo orientales, por lo que el uso de planos generales al más puro estilo surkoreano y japonés enriquecen visualmente la película. Si, se que los planos generales no los han descubierto ni en Korea del Sur ni en Japón, pero en estas dos cinematografías se usan de forma mucho más efectiva que en el cine norteamericano más de género. Por que a pesar de este aspecto mafioso, seguimos en una película de artes marciales con el toque de thriller que muestran una gran evolución positiva en la forma de escribir y dirigir de Evans.
Tras una introducción haciendo referencia a Tama, el villano de la primera parte, Evans nos muestra que por muy peligroso que fuese, hay alguien por encima suya, y es en este punto donde la película se vuelve más grande, no sólo en duración (estamos ante un película de dos horas y media frente a la hora y cuarenta minutos de la primera) Aquí se mezcla la mencionada guerra mafiosa con el tema de policías infiltrados, permitiéndonos tanto ver cómo funcionan las familias criminales como el peso de la misión del protagonista, repartiendo en el metraje todo de forma equilibrada y muy coherentemente. He hablado antes de los planos generales, estáticos, para más señas, excelentemente compuestos y que ayudan a situarnos espacialmente y a veces nos separan de la violencia más cruda, aunque no durante todo el metraje, ya que los que Evans nos muestra es lo esencial, sin recrearse demasiado en la sangre, como se puede apreciar en la secuencia de apertura, con una ejecución con un tiro a quemarropa con una escopeta. Justo cuando se aprieta el gatillo hay un corte al título de la película. A pesar de esto, la violencia es mostrada pero sin deleitarse demasiado, usando planos más cortos pero con un montaje rápido para no caer en efectismos. Los golpes y demás duelen, y mucho, pero a veces Evans nos los muestra rápidamente, logrando una mayor sensación de crudeza que si se hubiese mostrado más claramente. Otro ejemplo de esto son las ejecuciones en el restaurante, usando de nuevo planos generales, primeros planos o planos medios, además de una naturalidad escalofriante. De nuevo comparamos la primera y la segunda entrega y vemos que esto es algo presente en ambas, y si el microverso que se ha creado es mayor, la violencia también.
En “The Raid” teníamos pistolas, cuchillos y artes marciales, y aquí…pistolas, cuchillos, artes marciales, bates de baseball y martillos. Las coreografías de Yayan Ruhian e Iko Uwais se unen a la dirección de acción del propio Evans para subir un peldaño más en la calidad de todas las secuencias de acción, algo que parecía que no se podía superar, al menos durante unos años, pero Evans sabe muy bien lo que quiere, evolucionar, y con el trabajo de los dos coreógrafos se ha conseguido. Escenas largas de lucha, combates escalofriantes y una ejecución de las coreografías soberbia por parte de todos los actores involucrados. Iko Uwais aprovecha el estar rodeado de compañeros que bordan sus papeles, aunque no estén demasiado desarrollados. Yayan Ruhian repite, a pesar del destino del Mad Dog de la anterior parte, con un nuevo personaje sin nada que ver con el anterior. Quizás la parte dramática, que intenta dar mayor profundidad a su personaje, o al menos sus motivaciones, sea lo que menos me ha convencido, o mejor dicho, lo que creo que realmente sobra de la película. Pero claro, es necesario hasta cierto punto para conocer a su personaje, que provocará unos giros de guión que ayudan a que la película avance. Su técnica es impresionante, y se luce en dos secuencias espectaculares con reminiscencias a películas como “Lady Snowblood”, sobre todo la última secuencia en la que sale, en el callejón de la discoteca, con todo nevado. La ausencia de música otorgan más crudeza aún a lo que vemos, pasando después al uso de la música para dar una sensación muy dramática a la secuencia.
Volviendo a las artes marciales, dos de los grandes descubrimientos de la película son Julie Stelle como Hammer Girl y Very Tri Yulisman como Baseball Bat Man. A pesar de la inexperiencia de Stelle en artes marciales, la ejecución de sus coreografías es excelente, gracias sobre todo por Very Tri Yulisman, uno de sus entrenadores con quien se complementa muy bien al tener un vínculo ambos personajes. El tiempo pasado por Yulisman con Stelle a la hora de entrenar traspasa la pantalla para ofrecernos tres secuencias estrella, dos por separado, mostrando sus talentos, y la secuencia conjunta contra Uwais. La incorporación de sus armas de lucha, dos martillos en el caso de Stelle y un bate de Baseball para Yulisman, son otro elemento que enriquecen la parte marcial a niveles increíbles. Si la historia está plagada de traiciones, intrigas y demás, la parte marcial no se limita a mostrar a la estrella como una máquina de luchar, si no que se reparte este peso entre varios personajes, sobre todo los dos mencionados y Cecep Arir Rahman, maestro de Pencak Silat que tiene su gran momento en la lucha con cuchillos en la cocina, en el tramo final, otra coreografía soberbia donde Uwais y Rahman demuestran su velocidad y precisión con una pelea que pone los pelos de punta, al igual que todas las que vemos. La parte que transcurre en la cárcel mezcla esta pericia técnica de los actores con unas peleas más brutales y salvajes, con unos stunts de infarto y que tras finalizar te duele todo el cuerpo. Además, la batalla en el barro está rodada de forma magistral, con Evans moviendo la cámara continuamente, con escasos cortes que hacen de ella una secuencia digna de analizar y con una complejidad técnica que no todo el mundo podría realizar.
Gareth Evans afronta así una película ambiciosa técnicamente, con un cambio sustancial respecto a la primera entrega, donde se aproxima a algunos de sus referentes cinematográficos como Takeshi Kitano, sobre todo en las secuencias donde aparece la Yakuza, y al cine de género en general, dando un paso más allá y confirmándose como una de las mayores promesas del género. Y digo promesas por que en su filmografía marcial sólo tiene la primera parte pero que con esta secuela asienta su carrera de forma firme.
Podría seguir escribiendo sobre la genialidad de la película, los giros de guión bien trabajados y sobre todo las escenas de lucha, de las mejores del año, situando a ésta película como un punto de referencia del género en este siglo XXI y que hace que tengamos ganas de la tercera anunciada entrega (no tanto del remake estadounidense). Pero es hora de terminar de escribir, resumiendo un poco lo escrito hasta ahora. “The Raid 2: Berandal” es sin duda una de las mejores películas de artes marciales del año, ofreciendo una historia de mafiosos bien escrita, muy bien dirigida y realmente espectacular e incluso escalofriante, con unos personajes secundarios que enriquecen el conjunto sin olvidar las secuencias más dramáticas. A mucha gente le ha parecido lenta y aburrida, pero que el guionista sea el director, el director de acción y el editor ayudan aún más a convertirla en lo que es, una película indispensable para los aficionados al cine de acción y artes marciales, de las que te pasas el metraje sufriendo por cada golpe dado y de la que quieres más, a pesar de su duración. Antes de terminar, quiero destacar la presencia japonesa con Kenichi Endo, Kazuki Kitamura y Ryûhei Matsuda, tres actores más que solventes que aportan mayor entidad a la película. Vamos, que si no la has visto a estas alturas, deberías, o te perderás una película de culto impresionante. He visto a gente no acostumbrada a ver cine en VOSE verla y encantarles, sobre todo por las secuencias de lucha, pero si te gusta el cine en general, podrás ver la excelencia técnica de Evans, con un montaje perfecto. Si la evolución positiva de esta secuela respecto a la anterior es como es… ¿qué nos esperará en la tercera parte? Estoy deseando descubrirlo…

NOTA: 8’9

          

lunes, 15 de septiembre de 2014

FALCON RISING (2014)

Actualmente no hay demasiadas estrellas occidentales dentro del cine de artes marciales. Si quitamos a Michael Jai White y a Scott Adkins, no nos quedan muchos. Si, tenemos a Van Damme, a Matt Mullins, Jon Foo, Darren Shahlavi o Gary Daniels, pero dentro de este subgénero, no hacen grandes películas. Personajes secundarios o películas con difícil o nula distribución así como películas que no consiguen sacar todo el potencial del actor. En el caso de Daniels, ya demostró su gran calidad en los noventa y aunque se agradecen sus películas, no llegan a lo que fue. De vez en cuando aparecen títulos como las dos secuelas de “Invicto”, “Promesa sangrienta” o “Ninja” y su segunda parte, títulos que nos devuelven a los noventa con grandísimas coreografías. Y en este grupo se encuentra “Falcon Rising”, antes “Favela”. Es curioso que de los títulos anteriores, en dos de ellos se encuentre Michael Jai White, convirtiendo su nombre junto al de Scott Adkins en las grandes estrellas del género en occidente, sobre todo si vemos que para producciones asiáticas les han requerido para dejar ver sus respectivas técnicas. Pero esto no es un reportaje sobre los grandes artistas marciales de este siglo XXI, si no una crítica a “Falcon Rising”, pero he visto necesario  puntualizar un poco el contexto en el que se ha estrenado lo último de Jai White, que incluso en Estados unidos ha sido estrenada en algunos cines para pasar el video bajo demanda (VOD) Entrando en materia, “Falcon Rising” es una película que recupera el espíritu del cine de acción de los ’80 y ’90, con un guión-excusa para lucimiento de las escenas de lucha. Ernie Barbarash deja de momento a Van Damme (le dirigió en “Juego de asesinos” junto a Adkins, “6 balas” y la próxima “Pound of Flesh”) para, bajo la producción de Isaac Florentine (“Invicto 2”), comenzar una nueva franquicia con el ex-marine John “Falcon” Chapman, un personaje atormentado por sus recuerdos en la guerra (supongo que Afganistán, ya que no mencionan dónde luchó) que viajará a Rio de Janeiro para encontrar a los agresores de su hermana, a la que han abandonado pensando que había muerto. La dirección de Barbarash ha mejorado bastante en las secuencias de acción, aunque puede que en parte se haya debido a tener a Larnell Stovall como director de acción, incluyendo las espectaculares coreografías de lucha. Los momentos más dramáticos son los más flojos de todo el film, poniendo toda la carne en el asador para que se puedan seguir y disfrutar mucho las escenas de artes marciales, que junto a la perfecta ejecución de Jai White y del equipo de especialistas hacen de esta película una de las mejores del año. Insisto, esto se debe sobre todo a las secuencias de acción, ya que el resto del metraje no es nada llamativo, por lo que acentúa que lo mejor de toda la película sean las escenas de lucha. Con esto no quiero decir que sea un guión malo, si no que es un guión muy típico, algo predecible, vamos, una excusa para unir las secuencias de lucha sin demasiadas complicaciones, un guión correcto y sencillo que va directo al grano.
Volviendo al tema de las peleas, como he dicho la ejecución de las mismas de Jai White es realmente impresionante. Jai White es muy técnico, y Stovall lo sabe, por lo que aprovecha para explotar las técnicas puras de Karate del que Jai White es experto, sin olvidar las patadas en salto más espectaculares. Si además metemos a Lateff Crowder, experto en Capoeira y con una secuencia en concreto para su lucimiento, a parte de las secuencias finales, el entretenimiento y la calidad están servidas. Además tenemos una lucha final de katana contra tonfas (por cierto, una de las armas de Kobudo que peor se me ha dado hasta el punto de cogerla cierta manía, hasta que he visto esta secuencia) increíble, con planos más largos de lo habitual que hacen que literalmente flipe con cómo los maneja Jai White. Podría seguir alabando las coreografías durante horas, dando ejemplos en cada pelea de lo magistral de las mismas, pero creo que ya he dejado claro que son muy muy buenas, de las mejores coreografías que he visto este 2014. El nivel de Stovall sube un peldaño más sin caer en la repetición de la fórmula que le ha convertido en un nombre de culto en los círculos de cine marcial más especializado. Su entrada en 87Eleven Action Designer le ha lanzado al primer plano y en cada nuevo trabajo suyo vemos por qué es uno de los mejores coreógrafos actuales. La mezcla de técnicas de Karate, Kobudo, Kendo, Jiu Jitsu y toques de Kung Fu, junto a la acción balística es soberbia, tanto por el diseño, la ejecución, la filmación y el montaje. Una buena ración de todo esto en una hora y cuarenta minutos no se ve muchas veces.
Si las secuencias de artes marciales son el verdadero plato fuerte de la película, situando esta película entre lo mejor de Jai White junto “Invicto 2”, “Promesa sangrienta” y “Black Dynamite”, justo antes de “Rompiendo las reglas 2”, en la parte dramática, no nos podemos quejar. No ha habido ningún actor que me chirrie, si acaso algún personaje o su presencia en determinadas secuencias, metidas con calzador, como el personaje de Kuka, un chico de las favelas que tiene un encontronazo con el protagonista en una secuencia forzada pero que igualmente se agradece por la pelea de White contra varios atacantes. El caso es que incluso hay dos personajes de los que no me importaría ver un spin-off, Thiago y Bororo, interpretados respectivamente por Jimmy Navarro y Lateef Crowder. Quitando el giro de guión de sus personajes, sería muy interesante una película con dos policías de las favelas, ya que sobre todo Thiago es un personaje interesante de explorar. El resto del reparto, con un Neal McDonough relajado, Masashi Odate como el villano de la función, y la presentación de Laila Ali, hija del mítico Mohammed Ali, como actriz de cine tras su paso por la televisión, funcionan correctamente, conformando la historia entre todos, de forma muy sencilla, de libro. Los personajes necesarios para dar los pasos correctos y desplegar todas las armas en la parte de acción. No hay historias secundarias que rompan el ritmo, el camino queda bien marcado y delimitado entre todos, sin ocultar demasiadas sorpresas pero que al final, te deja un muy buen sabor de boca, la sensación de estar satisfecho pero de querer más. Más “Falcon” Chapman, más Jai White, más Larnell Stovall más Ernie… bueno, si es Isaac Florentine, mejor. Por cierto, la música encaja de nuevo a la perfección, dramatizando momentos de frases lapidarias de White o en el momento en el que Chapman se enfada, usando los clichés visuales que mejor funcionan y haciendo que se disfruten incluso más las secuencias que estos momentos anuncian que viene, un despliegue de puñetazos, luxaciones y patadas espectacular.
Resumiendo, algunas de las mejores secuencias de artes marciales del año en una historia típica y tópica pero no por ello deja de funcionar. Un divertimento con el espíritu de los ’80 y los ’90, incluyendo ciertos guiños u homenajes en localizaciones (¿cuántas películas terminaban en naves en el puerto, o tenían secuencias de acción en ellas?) e incluso técnicas y momentos de grandes momentos del cine de género de los ’90 y a directores como Sheldon Lettich, pero con ese toque oscuro que actualmente existe en el cine de acción de serie B, algo que está ayudando a levantarlo. Un joya marcial al que la falta un guión un poquito mejor y un director más personal pero que gracias a las propias escenas de lucha consigue convertirla en una de las mejores películas del año, manteniendo a Jai White en la cima, aunque siga compartiéndola con buenos amigos suyos, del subgénero.

NOTA: 8